Influenza

Infección viral más conocida como gripe

Entre las infecciones virales más comunes se encuentra la influenza, popularmente conocida como gripe. Se trata de un virus que ataca a vías respiratorias como la nariz, los pulmones o la garganta. Esta epidemia suele darse en periodos de invierno año tras año, provocando tos, estornudos y fiebre a quien la padece.

A continuación te lo contamos todo sobre la influenza, cómo se contagia, cuáles son sus síntomas y los mejores métodos para combatirla.

Qué es la influenza (gripe)

La influenza, comúnmente conocida como gripe, es una de las infecciones víricas más padecidas. El virus ataca a las vías respiratorias y se contagia con mucha facilidad, por lo que invierno tras invierno miles de personas sufren esta epidemia.

Existen tres tipos de virus que pueden provocar la influenza: el A, el B y el C, todos ellos pertenecientes a la familia Orthomyxoviridae. La diferencia entre ellos es que mientras el virus B y C afectan principalmente a hombres y mujeres, el A puede afectar tanto a seres humanos como animales tales como: patos, cerdos, caballos o mamíferos marinos. El virus A es el más agresivo y el que puede acabar constituyendo una pandemia con alto índice de morbilidad y mortalidad.

Aunque muchas personas ya son inmunes al virus influenza, debes saber que él mismo tiende a mutar continuamente para evitar tal inmunidad. En el caso del virus tipo A ha cambiado en varias ocasiones a lo largo del último siglo, dando lugar a graves pandemias como la gripe aviar.

Causas

La influenza es originada por un virus que se une a las células de la mucosa de las vías respiratorias superiores y poco a poco las destruye, así, el sistema de defensa respiratorio se va destruyendo poco a poco, hasta que, finalmente, el virus alcanza las vías respiratorias inferiores provocando una descamación grave del epitelio alveolar o bronquial.

Influenza virus

La influenza, además de afectar las defensas naturales de las vías respiratorias, también facilita la adhesión de bacterias a las células, lo que puede acabar desencadenando una infección bacteriana secundaria o, incluso, una enfermedad tal como la neumonía.

La causa principal que origina una gripe es el virus que entra a través de las mucosas de las vías respiratorias, conjuntivas o de la mucosa bucal. Por ello, la transmisión de la influenza de un organismo a otro es una de las principales vías de contagio. Esto puede ocurrir a través de:

  • Por contacto directo con un enfermo o un material contaminado por el virus, por ejemplo, a través de las manos.
  • Por vía área, a través de las gotas respiratorias contaminadas por el virus después de toser o estornudar.

El virus de influenza puede propagarse desde un día antes de que se manifiesten sus síntomas hasta 5 o 7 días después. En el caso de los niños, estos tienen la capacidad de transmitirlo más allá de los 7 días.

No obstante, no todos las personas que han estado en contacto con el virus de influenza acaban siendo infectados, sino que pueden ser meros transmisores de la infección. Por ello, la gripe es una de las enfermedades que más rápidamente se extiende, por lo que es difícil controlar su propagación. Las personas más vulnerables a la infección son niños, ancianos, enfermos con patologías respiratorias crónicas como el asma o la fibrosis, mujeres en periodo de gestación o personas con un sistema inmunitario débil.

Síntomas

El cuadro sintomatológico de la influenza es uno de los más fáciles de reconocer. Los principales síntomas que se manifiestan tras la infección del virus son:

En algunos casos más complicados, el virus puede provocar vómitos, náuseas o diarreas, además de dolor abdominal. Sin embargo, dependiendo de la edad del paciente y de su estado de salud, los síntomas podrán variar en cuanto a severidad o predominancia de unos u otros.

Generalmente, el virus de la gripe evoluciona y se cura favorablemente, recuperándose el paciente entre los 3  y 7 días después del inicio del virus. Los únicos síntomas que pueden prolongarse entre una o dos semanas más antes de desaparecer por completo son la tos o el malestar general.

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Complicaciones del virus influenza

Aunque por lo general la influenza no suele necesitar de atención médica, existen ciertos casos en los que la infección vírica puede complicarse. En estos casos, la gripe se presenta con síntomas más severos:

  • Dolor de pecho
  • Dificultad al respirar
  • Mareos
  • Fiebre elevada consistente y persistente
  • Confusión
  • Hipotensión arterial
  • Piel azulada

Generalmente, si se dan estos síntomas graves se ha producido una infección bacteriana, además de la influenza, por lo que la enfermedad puede haber desencadenado en:

  • Neumonía viral primaria: es frecuente en la gripe pandémica y menos en la gripe estacional. Aparece después de 3  o 5 días del inicio de la gripe y suele afectar a personas con enfermedades pulmonares obstructivas, cardiopatías, obesidad o embarazadas.
  • Neumonía secundaria bacteriana: aparece cuando los síntomas de gripe empiezan a remitir y suele presentarse después de una gripe estacional. Está causada por la infección de bacterias como el estafilococo o el neumococo.

En raros casos, la influenza puede acabar presentando complicaciones en forma de enermedad como: encefalitis, pericarditis, miocarditis o el síndrome de Guillain – Barré.

Diagnóstico y tratamiento

Los casos de influenza común, son fáciles de diagnosticar sin necesidad de realizar pruebas específicas de laboratorio. El cuadro sintomatológico descrito con anterioridad así como la época en la que aparece la gripe son factores determinantes para realizar un diagnóstico concreto. Tan solo se llevarán a cabo pruebas médicas relevantes en caso que se deba detectar una pandemia más extendida, como en el caso de la Gripe A, o bien si existen complicaciones como la neumonía. En esos casos, el médico puede requerir análisis muestras respiratorias o incluso radiografías.

El tratamiento indicado para la gripe es sintomático, es decir, está destinado a aliviar, reducir y eliminar los síntomas, dado que no es posible atacar directamente a su causa: el virus. Para ello, se utilizan analgésicos habituales como el paracetamol o el ibuprofeno. Además, se recomienda beber grandes cantidades de líquido como parte de la terapia. Asimismo, es recomendable extremar la higiene a fin de reducir la probabilidad de contagio. En este sentido se recomienda:

  • Lavarse las manos con frecuencia
  • Tapar la boca con un pañuelo al estornudad o toser
  • En caso de tener el virus intentar no acudir al lugar de trabajo o al centro educativo, siempre que los síntomas sean claros y haya un riesgo real de contagio, sobre todo a grupos de riesgo como ancianos p niños.
  • Mantener la casa limpia y desinfectada, sobre todo en áreas comúnes.
  • Ventilar el hogar todas las mañanas durante diez minutos aproximadamente.
  • Protegerte de la temperatura, sobre todo en épocas de frío.

Además de la ingesta de analgésicos, se recomienda un tratamiento antiviral como el oseltamivir y el zanamivir, sobre todo si existe el riesgo de desarrollar complicaciones dado, que estos fármacos reducen la capacidad de que el virus se multiplique, a la vez que mitigan sus síntomas.

Los antibióticos son medicamentos que no están indicados para tratar la influenza. Tan solo se prescribirán en aquellos casos que el paciente haya sufrido una complicación por una infección bacteriana.

Por último, debes saber que actualmente existe una medida que reduce el riesgo de padecer influenza. Hablamos de la vacunación, un método preventivo indicado para los grupos de riesgo como niños (menores de 5 años y mayores de 6 meses) y mayores de 65 años. Existen campañas de vacunación de la gripe que se inician cuando el virus empieza a circular. Generalmente en los meses de otoño si estás en el hemisferio norte y la primavera si estás en el hemisferio sur. En caso de dudas, consulta siempre a tu médico.

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