Sífilis

Si hablamos de enfermedades de transmisión sexual, es inevitable nombrar la sífilis una patología que aunque suele pasar desapercibida puede permanecer en el organismo durante muchos años. Aunque cuenta con un diagnóstico sencillo y es fácil de tratar, es importante que se tomen las medidas de prevención adecuadas si se mantienen relaciones sexuales a fin de minimizar riesgos.

Año tras año se producen millones de nuevos casos de sífilis en todo el mundo en personas de entre 15 y 30 años, es decir, las edades en la que se es más activo sexualmente hablando, no obstante, la enfermedad puede hacerse notar años más tarde del momento en la que se contrajo, por lo que los diagnósticos suelen ser tardíos.

¿Quieres saber más sobre esta enfermedad de transmisión sexual? En tuSíntoma hemos recopilado todos los datos necesarios para contártelo todo sobre la sífilis, su origen, sus causas, sus síntomas y el mejor tratamiento para superarla, sin olvidarnos de las mejores herramientas de prevención. No lo olvides: cuidarse es salud.

Qué es la sífilis

La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual que se adquiere cuando se mantienen relaciones sexuales con una persona previamente infestada. El contagio se produce por una bacteria llamada treponema pallidum. La patología cuenta con distintas fases y puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica si no se trata durante la primera fase.

  1. La primera fase de sífilis se caracteriza por la aprición de una lesión ulcerada, aunque no dolorosa, en la parte de los genitales o de la boca, que suele desaparecer por sí misma.
  2. Durante la segunda fase, pueden observarse erupciones de manchas rojas en todo el cuerpo, aunque con más incidencia en las extremidades (manos y pies).
  3. Después de estas dos etapas principales, la sífilis puede adormilarse en el organismo, estando años apagada sin manifestar ningún tipo de síntomas.

Aunque se desconoce el origen exacto de la enfermedad, se sabe que está activa desde hace siglos y que se extendio por Europa a lo largo del siglo XVI. Actualmente, todavía se conocen millones de nuevos casos de sífilis cada año en todo el mundo, la mayoría en personas de entre 15 y 30 años, la franja de edad más activa sexualmente. No obstante, aunque es una enfermedad fácil de tratar, intercala épocas en las que se manifiestan los síntomas con fases asintomáticas, por lo que su diagnóstico puede prolongarse durante años.

Causas

Treponema pallidum, así se llama la bacteria que ocasiona la sífilis.

Treponema pallidum

Esta bacteria se adquiere a través de una infección que se da a través de cualquier tipo de contacto sexual, ya sea penetración (vaginal o anal), así como sexo oral u otros contactos íntimos con personas que sufren una lesión sifilítica activa. La prevención a la hora de mantener relaciones sexuales es básica para evitar el contagio y la transmisión de esta enfermedad.

En los casos en que una mujer embarazada padezca la enfermedad y no haya sido ni diagnosticada ni tratada con anterioridad, puede producirse una sífilis congénita, es decir, el bebé puede infectarse dentro del útero o al nacer, dado el contacto directo con el canal de parto de la madre infectada.

Otra causa que puede propiciar la transmisión de sífilis, aunque es menos común que las anteriores, es la infección por transfusión de sangre. Este hecho no suele darse dado que los organismos médicos, analizan la sangre de los donantes previamente, antes de que se realice una transfusión, por lo que es fácil detectar cualquier anomalía en la muestra tomada. Eso sí, en caso de utilizar una aguja u otro material biológico infectado, la conversión de contagio es elevada.

Fases y síntomas

Como hemos comentado anteriormente, la sífilis es una enfermedad que se caracteriza por atravesar distintas fases en las que los síntomas pueden variar notablemente. Desde que una persona se infecta hasta que se manifiestan las primeras señales de la enfermedad, puede pasar mucho tiempo, desde días hasta meses, dependiendo de cada persona, aunque lo más normal es que los primeros signos de sífilis se presenten a las 3 semanas del contagio. Durante estas semanas de incubación la bacteria ya se encuentra en la sangre y puede expandirse por cualquier órgano del cuerpo, por lo que los síntomas variarán en función de su movimiento.

  • Síntomas de la primera fase

Durante la primera etapa de la sífilis se observa la lesión ulcerosa en genitales o boca. Se trata de un pequeño bulto indoloro que aunque se ulcere rápidamente, cuenta con un fondo libre de pus y sangre. Este chancro suele aparecen en la región en la que se ha producido el contagio, ya sea por penetración vaginal o anal, como por sexo oral u otro tipo de contacto. Durante esta fase, además, los ganglios linfáticos se hacen más grandes, se endurecen y se mueven, aunque tampoco son dolorosos. Mientras el chancro desaparece por si solo a las 3 o 6 semanas, los ganglios suelen permanecer durante más tiempo.

  • Síntomas de la segunda fase

Entre 2 y 8 semanas después de la aparición del chancro o lesión ulcerosa, empieza la segunda fase de la sífilis, aunque éste no haya desaparecido. Durante esta fase el síntomas más característico es la aparición de una erupción cutánea de manchas rojizas que puede expandirse en todo el cuerpo, aunque tiene más incidencia en la planta de los pies o la palma de las manos. La presencia de la erupción puede durar de días a meses, dependiendo de casa persona. También aparecen verrugas o candilomas planos en zona de pliegues y los infectados de sífilis suelen notar un malestar general acompañado de pérdida de peso sin causa aparente, dolores de cabeza y garganta o úlceras en la boca.

  • Síntomas de la sífilis latente

Si la enfermedad sigue avanzando, se iniciará un periodo de sífilis latente que generalmente es asintomática. No obstante, durante esta etapa el paciente se convierte en portador potencial y puede contagiar a sus relaciones en algunos casos.

  • Síntomas de la sífilis tardía

Actualmente, esta fase de la sífilis se da poco porque suele ser diagnosticada previamente. No obstante, se trata de un cuadro tardío en el que no se recibe tratamiento y la enfermedad puede convertirse en crónica. Existen diversos tipos durante esta fase: la neurosífilis que puede producir demencia, crisis epilépticas, afectación medular o hasta infartos cerebrales; sífilis cardiovascular en la que la bacteria inflama la aorta o la sífilis benigna en la que aparecen lesiones en forma de nódulos o úlceras en diversos órganos. Todas estas alteraciones hoy día son muy raras de diagnosticar.

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Diagnóstico y tratamiento

La mejor manera de diagnosticar la sífilis es a través de análisis de sangre. Existen otras pruebas que pueden contribuir a ello, como las pruebas treponémicas que detectan anticuerpos no específicos o las pruebas treponémicas que detectan anticuerpos específicos contra la bacteria que ha producido la enfermedad. Por otro lado, la visualización mediante microscopio de muestras de las bacterias obtenidas a través de un chancro o uuna placa sifilítica o por biopsia también pueden ser concluyentes. En el caso de que el paciente sea diagnosticado de sífilis, se le realizarán otras pruebas para descartar otras enfermedades de transmisión sexual como el VIH, el herpes simple, la gonorrea o las hepatitis B o C.

Diagnóstico Sífilis

El tratamiento de la sífilis se basa, fundamentalmente, en la penicilina G. Ésta puede administrarse una sola dosis en cualquier fase de la enfermedad. Para las personas alérgicas a este medicamento suele utilizarse doxiciclina durante dos semanas.

Es importante llevar a cabo el seguimiento médico para comprobar la evolución y recuperación de la enfermedad. En caso de dudas, consulte con su médico.

Prevención

La sífilis es una enfermedad que puede prevenirse si se toman las medidas necesarias. En primer lugar, debe evitarse el contacto sexual directo con una persona infectada. Para ello, se recomienda el uso de anticonceptivos como método habitual. Los más protectores contra enfermedades de transmisión sexual son, sin duda, los preservativos.

Asimismo, se recomienda realizar revisiones ginecológicas y médicas de manera regular para comprobar que no se ha contraído ninguna enfermedad sexual, más aún, si se tienen distintas parejas sexuales.

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