Rubéola

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Entre las infecciones de carácter leve destaca la rubéola, una enfermedad provocada por un virus.

Aunque tanto niños y adultos pueden contraerla, la patología se vuelve de riesgo en caso de que sea una mujer embarazada la que se infecte durante los primeros meses de embarazo, dado que se pueden llegar a producir malformaciones en el feto. El diagnóstico y el tratamiento de la infección son sencillos, por lo que es una enfermedad fácil de superar en condiciones normales.

¿Quieres saber más acerca de esta enfermedad infecciosa? En tuSíntoma te lo contamos todo sobre la rubéola una enfermedad caracterizada por la aparición de manchas rojizas en la piel, fiebre moderada y el aumento del tamaño de los ganglios del cuello, entre otros síntomas. Descúbrelo, aquí.

Qué es la rubéola

La rubéola se trata de una enfermedad contagiosa que es provocada por un virus de la familia de los togavirus. Aunque es una enfermedad leve que puede afectar tanto a niños como adultos, se puede convertir en un problema cuando una mujer embarazada se infecta durante los primeros meses de gestación, ya que la rubéola puede ocasionar malformaciones congénitas graves en el feto.

En sí, se considera que la rubéola es una enfermedad exantemática, es decir, que se caracteriza, básicamente, por la aparición de lesiones rojizas o exantemas a priori en el rostro, aunque puede expandirse fácilmente por todo el cuerpo.

Gracias a las vacunas, la rubéola es hoy en día una enfermedad con poca incidencia. Generalmente, se encuentran casos en primavera y en invierno, procedente de las migraciones de aquellos países no vacunados. El caso de rubéola gestacional también es mínimo, pero todavía presente en uno de cada 100.000 neonatos.

Vacuna rubéola

Causas

La rubéola se transmite a partir de un virus que se propaga a través del aire o del contacto cercano mediante las secreciones respiratorias de individuos infectados. En estas pequeñas gotas, se encuentra el virus de la familia togavirus que después de su incubación se convierte en dicha enfermedad.Las gotas inhaladas que contienen el agente infeccioso llegan a la faringe y mediante la sangre llegan al tejido linfático donde se aloja y se reproduce.

Una vez el virus se ha multiplicado vuelve a pasar a la sangre, momento en el que el organismo empieza a despertarse y responder al ataque del virus mediante la creación de anticuerpos. Desde la aparición del exantema hasta un par de semanas después, existe el riesgo de contagio de una persona infectada a una sana.

En el caso de la rubéola congénita, el contagio se da durante el embarazo y se transmite de la madre al feto a través de la placenta.

Rubéola durante el embarazo

Fases y síntomas

Los síntomas de la rubéola pueden variar dependiendo de las fases que la componen. La reproducción del virus, en fase de incubación asintomática, suele durar entre 14 y 21 días, en los que en algunos casos pueden sentirse los síntomas principales de un cuadro catarral o gripal. A continuación, te explicamos los periodos principales de la rubéola:

  • Fase prodómica: es una fase común en adultos. Dura entre 24 y 48 horas y se caracteriza por la presencia de síntomas poco específicos como la pérdida del apetito, fiebre o malestar general, propios de un catarro o una gripe.
  • Fase exantemática: se caracteriza por tres síntomas básicos, la fiebre, el aumento del tamaño de los gánglios linfáticos del cuello y el exantema o erupción cutánea que empieza detrás de las orejas y se extiende por el rostro y el resto de cuerpo rápidamente. La erupción se compone de manchas rojizas, ovaladas y definidas. También pueden observarse lesiones rojas en el paladar.
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Los síntomas de la rubéola son parecidos a los de otras enfermedades tales como la escarlatina o el sarampión, por lo que a veces son difíciles de detectar a priori desde un punto de vista clínico.

En caso de que existan complicaciones de la infección, aunque son poco frecuentes, los síntomas pueden agravarse. En las mujeres suele aparecer artritis que afecta a manos, muñecas y rodillas, además de otras alteraciones que pueden producir hemorragias por el descenso del nivel de plaquetas. Tanto en niños como en adultos puede darse una encefalitis posterior a la infección e incluso la rubéola puede derivar en una hepatitis leve, aunque son los casos menos frecuentes.

Diagnóstico y tratamiento

Como hemos comentado, es fácil que la rubéola pase desapercibida ya que sus síntomas suelen ser leves y es normal que se confunda con un simple catarro u otra enfermedad como el sarampión. Por ese mismo motivo, es importante que se diagnostique correctamente para poder otorgar un tratamiento ajustado y adecuado a la infección y evitar, así, el riesgo de padecer complicaciones.

El análisis de sangre es el recurso más frecuente aunque el único dato relevante que se puede observar es si el número de plaquetas y leucocitos ha disminuido. Si se sospecha que la rubéola puede ser congénita, se intentan coger muestras del virus en la faringe, la orina u otras secreciones. Generalmente, el diagnóstico definitivo lo otorga el laboratorio de anticuerpos.

En el caso de las mujeres embarazadas es imprescindible descartar la infección porque podría afectar de manera directa al feto, provocando malformaciones graves. En este contexto, lo normal es es realizar biopsias después de la semana 11 de embarazo para observar la presencia de partículas virales y evitar complicaciones.

En cuanto al tratamiento, cabe decir que no existe actualmente una cura definitiva para la rubéola, por lo que el tratamiento que se administra a los pacientes infectados suele ir dedicado a aminorar los síntomas como la fiebre y el dolor articular, por lo que el paracetamol es el recurso más recomendado por los médicos.

La rubéola congénita requerirá de intervenciones quirúrgicas que ayuden a mejorar los problemas más recurrentes como las cataratas precoces, la sordera o las lesiones cardíacas.

Prevención

Los casos de rubéola, en la actualidad, son escasos gracias a la vacunación que existe desde 1969. Con esta vacuna se introduce el virus debilitado dentro del organismo para conseguir inmunizar el sistema y generar anticuerpos capaces de atacarlo en caso de infección.

La vacuna, conocida comúnmente como triple vírica, debe administrarse entre los 12 y los 15 meses de edad y una segunda vez cuando el menor ha cumplido los 3 años. En el caso de los adultos que no fueron vacunados durante su infancia, es importante que lo hagan de mayores, ya que es una manera eficaz de prevenir y disminuir la incidencia de la enfermedad.

Las mujeres embarazadas no pueden vacurnarse. En caso de cualquier duda, su médico le otorgará toda la información necesaria.

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