Así actúa el cuerpo cuando se deja de fumar definitivamente

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Abandonar el hábito del tabaquismo no es una tarea sencilla, pero cuando se deja de fumar se consigue aumentar significativamente la calidad de vida y se disminuye el riesgo a padecer ciertas enfermedades relacionadas con el tabaco. Los expertos aseguran que tan solo un día después de dejar el tabaco, los sentidos del gusto y del olfato se potencian notablemente.

Fumar está relacionado con la aparición de más de 25 de enfermedades. De hecho, cerca del 85 % de los casos de cáncer de pulmón son ocasionados por el tabaquismo. Por ello, los médicos insisten en la necesidad de informar debidamente a la población sobre los riesgos que conlleva este hábito y las mejoras que se producen al dejarlo.

Dicen los expertos que la esperanza de vida de los fumadores se reduce en aproximadamente diez años. Estos datos son avalados por un macro estudio realizado en Inglaterra, en el que participaron un total de 35.000 personas, durante 50 años. La buena noticia, es que todos los riesgos que conlleva el tabaco se pueden reducir notablemente cuando se deja de fumar.

El cuerpo responde cuando se deja de fumar

Solo 24 horas después de abandonar el hábito los niveles de oxígeno en la sangre se ven extremadamente aumentados. Esto ocurre porque baja el monóxido de carbono que hay en los pulmones. Esto conlleva una mejoría en los sentidos del gusto y el olfato.

Cuando se deja de fumar, los primeros días son los peores, ya que las ganas de volver a coger el cigarrillo son muy llamativas. No obstante, los expertos aseguran que, paulatinamente, esta necesidad de volver a fumar va desapareciendo.

La nicotina se elimina definitivamente del organismo a los tres o cuatro días. No obstante, otros compuestos del tabaco, como el alquitrán pueden tardar años en ser eliminados. El alquitrán se va acumulando a nivel pulmonar, siendo uno de los principales compuestos que provocan la aparición del cáncer de pulmón. Por su parte, la nicotina, que es extremadamente adictiva, afecta, sobre todo, al nivel cardiovascular.

Un mes después de dejar de fumar

El síndrome de abstinencia, es decir, las ganas y la necesidad de fumar, puede durar entre dos y tres semanas. Esto implica que se padezca un estado de irritabilidad y nerviosismo que tenderá a desaparecer. Generalmente este se convierte en uno de los motivos por el que los exfumadores vuelven a retomar el hábito.

Tres meses sin fumar

Cuando ya se han superado unos tres meses desde que se deja de fumar definitivamente, comienzan a notarse las mejorías a nivel del organismo. Los pulmones mejoran significativamente, reduciéndose la fatiga, la tos y la falta de aire en los mismos.

Uno de las principales barreras a las que se enfrentan quienes dejan de fumar es la posibilidad de aumentar de peso. La nicotina tiene una función quemagrasas que comienza a eliminarse durante los primeros meses. Por ello, muchos exfumadores incrementan su peso en unos kilos. No obstante, este problema de incremento de peso se puede reducir llevando una vida saludable, con una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio físico moderado.

Un año desde que se elimina el hábito

Un año después de dejar de fumar se reduce hasta un 50 % el riesgo a padecer una enfermedad de corazón. Este riesgo irá bajando conforme pasan los años, hasta llegar completamente a la normalidad.

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A partir de los 10 años sin tabaco

Es cierto que tras diez años desde que se deja de fumar el riesgo a sufrir cáncer de pulmón se reduce bastante, aunque nunca desaparece completamente. Por el contrario, las enfermedades asociadas a la nicotina sí que terminan contando con los mismos riesgos que se pueden asociar a la edad u otras circunstancias. Exactamente igual que las personas que nunca han fumado en su vida.

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