De sobra es sabido que la leche materna humana es uno de los superalimentos más importantes y más positivos del mundo. Pero su composición siempre ha sido una de las principales dudas de la ciencia. La receta de este alimento está guardada a buen recaudo por la naturaleza humana. Aunque parece que, poco a poco, se van desgranando las claves de la composición y las propiedades del alimento de los primeros meses de vida.
Los avances tecnológicos en la secuenciación genética, están permitiendo que las investigaciones científicas que buscan desgranar lo que aporta la leche materna sean cada vez más fiables y ofrezcan resultados mucho más óptimos. En este sentido, la revista Trends in Biochemical Sciences ha publicado un reciente estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Zúrich, en Suiza, que ha demostrado que se trata de una de las leches maternas más complejas y completas de todos los mamíferos.
Tras las investigaciones, los científicos han detectado, en la leche materna humana, en torno a 200 moléculas de azúcar distintas. Esta es una cantidad mucho más elevada que la de la leche de vaca o de ratón, que cuentan con menos de 50 moléculas.
El funcionamiento de la leche materna en los bebés
Es importante destacar que cuando un bebé viene al mundo llega libre de bacterias intestinales, pero cuando son alimentados con leche materna, en pocos días ya cuentan con millones de bacterias beneficiosas y en una semana alcanzan cifras impresionantes. Según los científicos esto se debe a los azúcares que contiene la leche de lactancia. Al parecer cada uno de los 200 tipos de azúcares cuenta con un papel exclusivo en la creación del microbioma infantil. No obstante, todavía no se ha podido determinar cuál es el papel de cada uno de ellos.
Durante los primeros días de vida del bebé, la leche materna es muy rica en azúcares, vitaminas y proteínas. Se trata, por lo tanto, de una receta imprescindible para cubrir las necesidades del bebé durante los primeros momentos de vida. Además, la leche de lactancia cuenta con algunas moléculas ideales para evitar las infecciones del intestino.
Por lo tanto, según los investigadores, es la leche materna la que colabora en crear y favorecer el sistema inmune de los bebés recién nacidos. Al contar con tantas moléculas beneficiosas se consigue evitar que las bacterias perjudiciales continúen la senda del crecimiento natural. De esta forma también se consigue potenciar la función de los glóbulos blancos del organismo humano.
Cuando el niño ya ha comenzado a desarrollar su sistema inmunológico, más o menos un mes después del nacimiento, se ha podido observar que la leche de lactancia materna comienza a variar en su composición. Al madurar la leche, se incrementa el número de ácidos grasos, ideales para garantizar el correcto crecimiento de los niños.
La leche materna cuenta con unos beneficios muy importantes, tanto en la salud infantil como en la salud materna. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este superalimento es perfecto para reducir la mortalidad infantil causada por algunas enfermedades infecciosas. Además, diversos estudios han asociado a la lactancia materna con la menor incidencia de diabetes y de alergias. En cuanto a los beneficios para la madre, se ha probado que alimentar con leche materna al bebé, disminuye el riesgo a padecer cáncer de ovario y de mama, además de limitar la depresión postparto.
La OMS en sus recomendaciones indica que lo adecuado sería alimentar al recién nacido con leche materna durante los primeros seis meses de vida. Además, indica que durante este periodo se debería de utilizar lactancia materna en exclusiva. Para, a partir del séptimo mes introducir otros alimentos como verdura, carne o fruta.
