Epilepsia

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La epilepsia es un trastorno neurológico crónico que produce convulsiones repetitivas en el tiempo. Las convulsiones son episodios de actividad cerebral perturbada que generan cambios en la atención o el comportamiento de la persona. Estas inestabilidades eléctricas del cerebro pueden ir desde breves lapsos de atención o sacudidas musculares, a convulsiones severas y prolongadas. Según la Organización Mundial de Salud (OMS), unas 50 millones de personas padecen epilepsia en todo el mundo, y casi el 90 por ciento de esas personas viven en países desarrollados.

Existen diferentes tipos de Epilepsia, clasificados en función de si la causa ha sido identificada (Epilepsia Sintomática) o no (Epilepsia Criptogénica), o si el cerebro está parcialmente (Epilepsia Focal) o totalmente involucrado (Epilepsia Generalizada). Los síntomas y tratamiento varían en función del tipo de Epilepsia que padece el enfermo.

Síntomas

Las convulsiones epilépticas se inician generalmente entre los 5 y 20 años de edad; no obstante, pueden ocurrir en cualquier momento y suele haber antecedentes familiares.

Los principales síntomas de la epilepsia son sus repetidas convulsiones (ataques) que variarán dependiendo de la zona del cerebro afectada. Ejemplos de convulsiones son:

  • Desvanecimiento breve, seguido de un período de confusión (la persona no recuerda lo sucedido durante un corto periodo de tiempo).
  • Cambios en el comportamiento.
  • Babeo o espuma en la boca.
  • Movimientos de los ojos.
  • Gruñir y resoplar.
  • Pérdida del control de esfínteres.
  • Cambio en el estado de ánimo, como ira repentina, miedo, pánico, alegría o risa inexplicables.
  • Estremecimiento de todo el cuerpo.
  • Caída repentina.
  • Sabor amargo o metálico.
  • Rechinar los dientes.
  • Detención temporal de la respiración.
  • Espasmos musculares incontrolables con fasciculaciones y movimientos espasmódicos en las extremidades.
  • Es frecuente que el enfermo presente síntomas de advertencia antes del ataque, como por ejemplo:
  • Miedo o ansiedad.
  • Náuseas.
  • Vértigo.

Aunque las personas con epilepsia pueden experimentar cualquier tipo de convulsión, la mayoría padece un patrón consistente de síntomas.

Las convulsiones epilépticas pueden durar desde pocos segundos a varios minutos, no obstante, rara vez se alargan durante más de 15 minutos.

Causas de la epilepsia

La epilepsia ocurre cuando el cerebro envía señales anómalas. Esto resulta en convulsiones repetidas e impredecibles. No se considera epilepsia a una sola convulsión que no vuelve a suceder.

Causas comunes de la epilepsia:

  • Accidente cerebrovascular o ataque isquémico transitorio.
  • Demencia (Alzheimer).
  • Lesión cerebral traumática.
  • Infecciones (SIDA, absceso cerebral, meningitis, encefalitis,…).
  • Defectos cerebrales congénitos.
  • Lesión cerebral al nacer.
  • Malformación vascular en el cerebro.
  • Trastornos del metabolismo presentes en el nacimiento (como la fenilcetonuria).
  • Tumor cerebral.
  • Enfermedades que dañan o destruyen el tejido fino del cerebro.
  • Ciertos medicamentos (antidepresivos, tramadol, anfetaminas, etc).

Posibles complicaciones:

  • Dificultad en el aprendizaje.
  • Inhalación de alimentos o saliva a los pulmones durante una convulsión.
  • Lesiones por caídas, golpes, mordeduras autoinfligidas, accidente por conducir durante una convulsión, etc.
  • Daño cerebral permanente (accidente cerebrovascular).
  • Efectos secundarios a los medicamentos.

Tratamiento

No todos los epilépticos requerirán ser tratados. Para aquellos que lo necesiten, el tratamiento empleado para tratar la epilepsia se utiliza para controlar las convulsiones.

Algunas personas padecen ataques epilépticos únicamente durante una etapa de su vida. Los ataques se vuelven menos frecuentes o  desaparecen a medida que estos envejecen. Este caso es más común cuando las convulsiones se presentan durante la niñez o la adultez temprana.

Resumen del tratamiento

  • Los fármacos antiepilépticos (FAE) son generalmente la primera opción de tratamiento para la epilepsia. Alrededor del 70% de las personas con la condición son capaces de controlar sus convulsiones con este fármaco. Por lo general, el tratamiento con FAE no se utiliza hasta después de haber sufrido una segunda convulsión.
    • En algunos casos, el tratamiento puede comenzar después de una primera convulsión si:
      • Un electroencefalograma (EEG) muestra actividad cerebral asociada a la epilepsia.
      • Una exploración de resonancia magnética (RM) muestra un daño en el cerebro.
      • El paciente padece una condición que le ha dañado el cerebro, como un accidente cerebrovascular.
  • Para algunas personas, la cirugía cerebral puede ser una opción. Sin embargo, esta cirugía es posible únicamente en el caso de que el área del cerebro a retirar (donde se inicia la actividad epiléptica), no causaría daño o discapacidad. Si la operación tiene éxito, es probable que la persona sometida a la cirugía se cure.
  • Una alternativa a la cirugía cuando esta no es posible, consiste en la implantación de un pequeño dispositivo bajo la piel situado en la pared torácica. El dispositivo envía mensajes eléctricos al cerebro, permitiendo reducir en más de un 50% las crisis epilépticas. A este procedimiento se le conoce como ‘estimulación del nervio vago’.
  • A veces, se utiliza una dieta especial para los niños cuyas convulsiones son difíciles de controlar y no responden al tratamiento con medicamentos.

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