El cáncer es una de las patologías que más muertes provoca en el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad acabó con la vida de 8’2 millones de personas en 2012, y los expertos prevén que, en los próximos 20 años, el número de nuevos casos aumente aproximadamente en un 70%. Los cánceres más letales y que causan un mayor número de muertes son los de pulmón, hígado, estómago, colon y mama.
Cientos de investigadores desarrollan su trabajo día a día en los hospitales, laboratorios e institutos especializados para acabar con esta enfermedad. La lucha contra el cáncer nunca cesa. Aunque muchos de estos profesionales buscan una cura definitiva, es cierto que también existen líneas de investigación centradas en crear métodos para el diagnóstico precoz y la creación de tratamientos mejorados prácticamente a la carta, lo que reduciría notablemente el número de fallecimientos.
En ese contexto, investigadores del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) Y del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, han conseguido dar un paso más hacia esta meta tan deseada por todos. Los científicos han descubierto un virus capaz de destruir solo las células cancerosas sin afectar a las células sanas.
Virus destructor de células cancerosas
Aunque es inevitable asociar el concepto de virus con la aparición de infecciones y enfermedades, bien es cierto que una utilización adecuada de éstos puede suponer todo lo contrario, tal y como demuestran los científicos catalanes en un trabajo que ha sido avalado por la prestigiosa revista Nature Communications.
No sólo en el cáncer se estudia la utilización de un virus para combatir la enfermedad, esta técnica denominada viroterapia, se utiliza para acabar con otras patologías, y es en ella en la que se inspiraron los científicos para adaptarla al cáncer.
El problema de esta técnica radica en que la introducción del virus en el organismo puede suponer determinados riesgos, por eso en la viroterapia se crean estos virus de forma externa, alterándolos genéticamente para conseguir los efectos buscados y la inocuidad para el resto del organismo.
Proteínas: clave en el descubrimiento
Las proteínas juegan un papel relevante en el cáncer y su evolución, en ocasiones de forma favorable y en otras ocasiones en contra. En este caso, los científicos se centraron en 4 proteínas denominadas CPEBs. Son precisamente estas proteínas las que permiten al virus detectar las células infectadas.
Una de ellas, la CPEB1 se encarga de regular 200 genes, íntimamente ligados con la extensión celular y el desarrollo de tumores. Por otro lado, existe otra proteína dentro de ese grupo, llamada CEPB4, que se muestra como clave para el crecimiento del tumor. Así que, debido a las diferentes funciones de estas proteínas en el desarrollo del cáncer, los expertos se centraron en la creación de un virus que sólo atacara a células con un elevado nivel de CEPB4, pero bajo en CPEB1, hasta que lo lograron.
Cómo actúa el virus
El virus modificado genéticamente entra en las células tumorales y las ataca hasta conseguir destruirlas sin afectar a las células sanas. Para comprobar su eficacia, los científicos han reproducido el proceso mediante la técnica in vitro y en concreto con células cancerosas de cáncer de páncreas. Además, han demostrado su efectividad en ratones. El siguiente paso será probarlo en humanos mediante ensayos clínicos. Aún queda camino por recorrer, pero los primeros pasos ya se han dado.
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